Cuando la gente habla de monetizar, por lo general está hablando de un esquema y refiréndose a algo que suena complejo y abstracto: convertir un activo en dinero. Si fuera más simple no necesitarían una palabra como monetizar y les alcanzaría con decir que venden tal o cual servicio o producto.

Pues no. Necesitamos una palabra como monetizar para explicar, por ejemplo, cómo hace Facebook para ganar dinero: monetiza las amistades y la privacidad. Todos estos esquemas son variaciones de lo mismo y buscan vender nuestra atención a un tercero a cambio de ofrecernos algo gratuitamente. Y ahí está la ironía: nos ofrecen algo a cambio de las cosas más valiosas que tenemos: nuestra atención, la privacidad, la tranquilidad.

Pero aunque el precio es cero, hay un coste real que pagamos al usar esos productos y servicios repetidamente. Tenemos la impresión de que la información que subimos a esas plataformas es privada, pero realmente es pública. Una foto o un post que puede parecer inocente o divertido ahora, puede jugar una mala pasada dentro dentro 2 o 5 años. Estaría genial que todas estas apps tuvieran adjuntada una declaración de sus consecuencias–tal como ocurre con los medicamentos que avisan de sus efectos secundarios. La gente se lo pensaría dos veces si la declaración de efectos de Facebook dijera algo así:

Todo lo que digas y publiques en el muro podría ser utilizado en tu contra en algún momento, incluso por nuestros anunciantes para afinar la puntería de sus publicidades. No te garantizamos la veracidad de las noticias si eso ayuda a aumentar tu ‘engagement’ y es posible que experimentemos con tus emociones.

El consumo de estas aplicaciones y plataformas monetizadas siempre debería hacerse con una dosis de escepticismo y precaución. No son tan seguras como anuncian y pueden ser hackeadas en cualquier momento. La información que se almacena en ellas puede ser robada, vendida e incluso usada para suplantar la identidad de las personas. Es sorprendente ver cómo la gente publica alegremente sus números de teléfonos, direcciones y demás datos personales y familiares.

Es cuestión de tiempo. Tal vez, en 20 años todas estas plataformas sean etiquetadas como una “familia de productos peligrosos, se recomienda estudiarlos en profundidad” y digamos lo mismo que decimos hoy del tabaco: ¿Cómo no sabían que era nocivo para la salud?